2.5.13

Pablo Sapag: “No estoy de acuerdo con la etiqueta de Primavera Árabe. Es una simplificación periodística pero con intención política”


En marzo de 2011 la población tomaba las calles de Siria para protestar contra las políticas del gobierno de Baath y su presidente Bashar Al Assad convirtiendo al país en el último reflejo de la hoy llamada Primavera Árabe –recurso lingüístico acuñado por los medios de comunicación para arropar bajo un mismo paraguas los distintos alzamientos populares en los países árabes entre 2010 y 2013 y que tuvieron en la revolución tunecina su punto de partida-, término con el que se muestra disconforme el profesor –investigador de la Complutense de Madrid y del Centro de Estudios Árabe de la Universidad de Chile, don Pablo Sapag Muñoz de la Peña:

No estoy de acuerdo con la etiqueta de Primavera Árabe. Es una simplificación periodística pero con intención política que no aclara realmente lo que ha ocurrido. En cada país con revueltas, se han resuelto de maneras distintas cada uno y hay causas muy propias. No se puede comparar la situación de Egipto con Libia.” 

En el desarrollo de la entrevista justificará el término Primavera Verde como el más adecuado para referirse a las revueltas acontecidas en el mundo árabe.

El doctor Pablo Sapag analiza el conflicto en Siria y presenta un marco mucho más complejo del que se refleja a diario en los medios de comunicación. Si bien perfila el origen de la revuelta en el malestar mostrado por un sector de la población –campesino- afectado por la sequía que sufre Siria desde hace varios años a los que se debe añadir las reformas que el gobierno de Bashar Al Asad inició en 2008 y que son “contrarias al propio régimen sirio, de forma neoliberales, casi impuesta por el FMI a cambio de la concesión de créditos y que afectó, nuevamente, al sector agrícola”, incide que a este malestar deben sumarse otras causas como la multiconfesionalidad del país así como los elementos externos que han sido clave en el desarrollo del conflicto: “Siria forma junto a Irán y con Hezbollah en Líbano el eje de la resistencia frente a Israel”.

Hasta los años 70 en Siria, el Estado era débil, sin una estructura política sólida que le permita desarrollarse. Pero cambió con el partido Baath. El equilibrio de poder en la zona será muy peligroso para Israel. Hay intereses de Israel y de las potencias Occidentales por romper el eje de la resistencia.

Por otra parte, hay que entender que en Siria el debate político del siglo XX en adelante siempre giró en torno a dos polos: uno de ellos representa “lo que ha sido el gobierno sirio en los últimos 50 años, que es el panarabismo aconfesional del Estado, precisamente para garantizar la multiconfesionalidad del país. Siria es un país muy especial pues es un país multiconfesional. Por otro lado están las corrientes islamistas, representada sobre todo por la Hermandad Musulmana, vinculada en Siria a las clases terratenientes y a modelos de gestión económica liberales y no socialistas. Además, plantea que el Estado debe representar un apuesta confesional, y en este caso es el Islam sunni”. 

El islamismo que representa la Hermandad Musulmana está en las Antípodas de lo que representa el partido Baath desde una perspepectiva nacionalista panárabe y desde la perspectiva de la gestión económica y el papel o el peso que la religión debe jugar…

Sapag recuerda que este conflicto bélico no debe catalogarse como un fenómeno aislado en territorio Sirio, pues “ la Hermandad Musulmana ha intentado a lo largo del siglo XX diversas revueltas en Siria. Entre 1976 y 1982 ya hubo una revuelta armada de la Hermandad Musulmana que se saldó con 40.000 muertos.” 

A los factores citados anteriormente debe sumarse el auge del Islamismo a partir de la Guerra Fría, 
"que ha permitido dar legitimidad  a determinados regímenes, como el de Arabia Saudí, que es una dictadura, teocrática como el de los Emiratos Árabes o Qatar, que son otras dictaduras. Este proceso que mal se llama Primavera Árabe debería llamarse Primavera Verde, por el auge del islamismo político Sunni”.

El periodista se muestra muy crítico con la postura adoptada por los países occidentales en este conflicto, hasta el punto de asegurar que “Occidente se ha pillado los dedos”.

Afrontaron, porque así les interesaba, “el caso de Siria con los mismos argumentos que había enfrentado antes los casos de Túnez, Egipto, Libia o Yemen. Son casos muy distintos. En los cuales los resultados podrían haber sido otro si se hubiesen tomado otro tipo de decisiones. Mubarak gestionó muy mal el tema de la comunicación. Si la hubiera gestionado mejor, no habría caído tan rápidamente. Posiblemente no habría caído.”

Sin embargo, el contexto se presenta muy distinto para Siria, y Sapag considera que el “gran error” de los países Occidentales fue utilizar el mismo patrón que en los casos citados anteriormente:

Yo dudo que los servicios de inteligencia no tuvieran información real. Lo que pasa es que hubo una tentación política. Ya que estamos y como van cayendo piezas del dominó, esto puede ser fantástico porque la importancia geoestratégica de Siria es enorme y en consecuencia los beneficios para los países occidentales, Turquía y las dictaduras islámicas del Golfo Pérsico habrían sido fantásticos. Pero en Siria las cosas no podían ocurrir así por el factor clave de la multifonfesionalidad. Si tú a la gente en Siria le ofreces un cambio de gobierno que va a conllevar la imposición de un sistema islamista, por mucho que haya sectores con absoluta legitimidad y razones sobradas para criticar al gobierno de Bashar Al Asad o el partido Baath, si la elección es esa, la gente dirá no. Estos elementos Occidente no los manejó bien. Quizás dijeron esto va muy rápido y va muy bien. Si movemos un poco las sillas caen. Pero estaba claro para quienes conocíamos aquello que en Siria las cosas no iban a funcionar así”.

En este sentido, el doctor en periodismo huye de la oposición abierta aconfesional o laica, pues el núcleo esencial de la oposición en Siria es la Hermandad Musulmana cuyo proyecto político da mucho recelo a la población Siria. Sólo así se entiende la fuerza del gobierno actualmente:

Ningún gobierno puede resistir dos años de presión interna y externa si no tiene respaldo interior. Y el gobierno Sirio tiene respaldo interior. Puestos a elegir, la población ha dicho que se mantenga la multiconfesionalidad. La línea roja para la mayoría de la población es la multiconfesionalidad. Si no hay multiconfesionalidad no hay Siria. Y hasta ahora, la Hermandad Musulmana no ha dado garantías de que vaya a sobrevivir la multiconfesionalidad.

Sapag lamenta que sólo dos años después y con 70.000 o 80.000 víctimas, y “tras intentar que cayese una ficha más del dominó”, los países occidentales reconocen que Siria es un país diferente y mucho más complejo y que no se podían hacer las cosas así: “nos podríamos haber ahorrado mucha violencia si desde el primer día se hubiera asumido esa complejidad”.