En marzo de 2011 la población tomaba las
calles de Siria para protestar contra las políticas del gobierno de Baath y su
presidente Bashar Al Assad convirtiendo al país en el último reflejo de la hoy
llamada Primavera Árabe –recurso lingüístico acuñado por los medios de
comunicación para arropar bajo un mismo paraguas los distintos alzamientos
populares en los países árabes entre 2010 y 2013 y que tuvieron en la
revolución tunecina su punto de partida-, término con el que se muestra
disconforme el profesor –investigador de la Complutense de Madrid y del Centro
de Estudios Árabe de la Universidad de Chile, don Pablo Sapag Muñoz de la Peña:
“No estoy de acuerdo con la etiqueta de
Primavera Árabe. Es una simplificación periodística pero con intención política
que no aclara realmente lo que ha ocurrido. En cada país con revueltas, se han
resuelto de maneras distintas cada uno y hay causas muy propias. No se puede
comparar la situación de Egipto con Libia.”
En el desarrollo de la entrevista
justificará el término Primavera Verde como el más adecuado para referirse a
las revueltas acontecidas en el mundo árabe.
El doctor Pablo Sapag analiza el conflicto en
Siria y presenta un marco mucho más complejo del que se refleja a diario en los
medios de comunicación. Si bien perfila el origen de la revuelta en el malestar
mostrado por un sector de la población –campesino- afectado por la sequía que
sufre Siria desde hace varios años a los que se debe añadir las reformas que el
gobierno de Bashar Al Asad inició en 2008 y que son “contrarias al propio
régimen sirio, de forma neoliberales, casi impuesta por el FMI a cambio de la
concesión de créditos y que afectó, nuevamente, al sector agrícola”, incide que
a este malestar deben sumarse otras causas como la multiconfesionalidad del
país así como los elementos externos que han sido clave en el desarrollo del
conflicto: “Siria forma junto a Irán y con Hezbollah en Líbano el eje de la
resistencia frente a Israel”.
“Hasta los años 70 en Siria, el Estado era
débil, sin una estructura política sólida que le permita desarrollarse. Pero
cambió con el partido Baath. El equilibrio de poder en la zona será muy
peligroso para Israel. Hay intereses de Israel y de las potencias Occidentales
por romper el eje de la resistencia.”
Por otra parte, hay que entender que en Siria
el debate político del siglo XX en adelante siempre giró en torno a dos polos:
uno de ellos representa “lo que ha sido el gobierno sirio en los últimos 50
años, que es el panarabismo aconfesional del Estado, precisamente para
garantizar la multiconfesionalidad del país. Siria es un país muy especial pues
es un país multiconfesional. Por otro lado están las corrientes islamistas,
representada sobre todo por la Hermandad Musulmana, vinculada en Siria a las
clases terratenientes y a modelos de gestión económica liberales y no
socialistas. Además, plantea que el Estado debe representar un apuesta
confesional, y en este caso es el Islam sunni”.
“El islamismo que representa la Hermandad
Musulmana está en las Antípodas de lo que representa el partido Baath desde una
perspepectiva nacionalista panárabe y desde la perspectiva de la gestión
económica y el papel o el peso que la religión debe jugar…”
Sapag recuerda que este conflicto bélico no
debe catalogarse como un fenómeno aislado en territorio Sirio, pues “ la
Hermandad Musulmana ha intentado a lo largo del siglo XX diversas revueltas en
Siria. Entre 1976 y 1982 ya hubo una revuelta armada de la Hermandad Musulmana
que se saldó con 40.000 muertos.”
A los factores citados anteriormente debe
sumarse el auge del Islamismo a partir de la Guerra Fría,
"que ha permitido
dar legitimidad a determinados
regímenes, como el de Arabia Saudí, que es una dictadura, teocrática como el de
los Emiratos Árabes o Qatar, que son otras dictaduras. Este proceso que mal se
llama Primavera Árabe debería llamarse Primavera Verde, por el auge del
islamismo político Sunni”.
El periodista se muestra muy crítico con la
postura adoptada por los países occidentales en este conflicto, hasta el punto
de asegurar que “Occidente se ha pillado los dedos”.
Afrontaron, porque así les interesaba, “el
caso de Siria con los mismos argumentos que había enfrentado antes los casos de
Túnez, Egipto, Libia o Yemen. Son casos muy distintos. En los cuales los
resultados podrían haber sido otro si se hubiesen tomado otro tipo de
decisiones. Mubarak gestionó muy mal el tema de la comunicación. Si la hubiera
gestionado mejor, no habría caído tan rápidamente. Posiblemente no habría caído.”
Sin embargo, el contexto se presenta muy distinto
para Siria, y Sapag considera que el “gran error” de los países Occidentales
fue utilizar el mismo patrón que en los casos citados anteriormente:
“Yo dudo que los servicios de inteligencia no
tuvieran información real. Lo que pasa es que hubo una tentación política. Ya
que estamos y como van cayendo piezas del dominó, esto puede ser fantástico
porque la importancia geoestratégica de Siria es enorme y en consecuencia los
beneficios para los países occidentales, Turquía y las dictaduras islámicas del
Golfo Pérsico habrían sido fantásticos. Pero en Siria las cosas no podían
ocurrir así por el factor clave de la multifonfesionalidad. Si tú a la gente en
Siria le ofreces un cambio de gobierno que va a conllevar la imposición de un
sistema islamista, por mucho que haya sectores con absoluta legitimidad y
razones sobradas para criticar al gobierno de Bashar Al Asad o el partido
Baath, si la elección es esa, la gente dirá no. Estos elementos Occidente no
los manejó bien. Quizás dijeron esto va muy rápido y va muy bien. Si movemos un
poco las sillas caen. Pero estaba claro para quienes conocíamos aquello que en
Siria las cosas no iban a funcionar así”.
En este sentido, el doctor en periodismo huye
de la oposición abierta aconfesional o laica, pues el núcleo esencial de la
oposición en Siria es la Hermandad Musulmana cuyo proyecto político da mucho
recelo a la población Siria. Sólo así se entiende la fuerza del gobierno
actualmente:
“Ningún gobierno puede resistir dos años de
presión interna y externa si no tiene respaldo interior. Y el gobierno Sirio
tiene respaldo interior. Puestos a elegir, la población ha dicho que se
mantenga la multiconfesionalidad. La línea roja para la mayoría de la población
es la multiconfesionalidad. Si no hay multiconfesionalidad no hay Siria. Y
hasta ahora, la Hermandad Musulmana no ha dado garantías de que vaya a
sobrevivir la multiconfesionalidad.”
Sapag lamenta que sólo dos años después y con
70.000 o 80.000 víctimas, y “tras intentar que cayese una ficha más del dominó”,
los países occidentales reconocen que Siria es un país diferente y mucho más
complejo y que no se podían hacer las cosas así: “nos podríamos haber ahorrado
mucha violencia si desde el primer día se hubiera asumido esa complejidad”.