En Siria podemos encontrar el
lado más oscuro de lo que mal se ha llamado ‘primavera árabe’. Tras más de dos años de lucha entre los
insurgentes y el ejército de Bashar al-Assad,
los organismos internacionales han estimado que cerca de 75.000 personas
han muerto.
Si bien el futuro de Siria es incierto
hay dos cosas claras. La primera es que la situación interna está en punto
muerto y la segunda es que no todos los países quieren abordar el problema de
la misma manera.
Jordi Pérez Colomé es un periodista
catalán qué en su blog relata la que ha vivido experiencia en Siria. Colomé explica que si la primavera verde en
Siria no ha triunfado como en otros países ha sido porque no toda, o al menos
la mayoría de la población, se ha mostrado a favor de los rebeldes: “Una revuelta requiere un cierto acuerdo de
la mayoría, aunque sea silenciosa y un apoyo pasivo. Aquí dicen que los
partidarios del presidente Bashar Asad pueden ser más de los que parece. He
preguntado a varias personas que estaban por el cambio si creían que eran
mayoría. Me han dicho que no.”
Señala tres motivos que
complican esa mayoría del lado rebelde: el régimen es una minoría y no va a
perder su poder, el miedo y la situación de muchos es cómoda.
Para que estos cambiará y el
lado insurgente tuviese un peso más decisivo en el conflicto, Colomé solo ve
dos posibles soluciones. La primera es que el gobierno frene la represión, bien
porque el gobierno decida calmar durante algún tiempo el país con una tregua o
reformas, o bien por medio de una presión internacional más fuerte, más allá de
las condenas por violencia y las sanciones económicas.
La otra opción es que la gran
mayoría saliese a la calle. Que el país se volviese insostenible y aún más
ingobernable. “El exceso de violencia
inútil y la resistencia pacífica de los manifestantes son la mejor baza de la
oposición para convencer a sus compatriotas de la voluntad de cambio”, afirma
el periodista.
En cambio, para la gran
mayoría de los medios europeos la clave para la resolución del conflicto se
encuentra en la intervención de las potencias militares en la zona. De esta
forma el diario francés Le Monde, en su editorial del pasado 22 de agosto de
2012 titulado, 'Siria, palabras para
preparar el futuro’, destacaba la importancia de la diplomacia por parte de
la oposición siria para frenar el derramamiento de sangre en el país: “La historia enseña que las armas deben
ser suplidas por la palabra, por lo que los opositores sirios necesitan ampliar
sus contactos con el exterior para construir una solución política para el
conflicto en su país.”
Aunque en el mismo texto no se
oponía a una intervención militar de persistir de conflicto, si dejaba claro
que la resolución del conflicto debía realizarse de forma diplomática: “los medios
militares necesarios son juzgados como desproporcionados y los riesgos de
atizar violentos conflictos en esa región son demasiado pesados”, sentenciaba
el diario.
Diez meses después de este
editorial el mismo diario apostaba más fuerte por la intervención militar en
Siria. Entre sus páginas del 2 de abril del 2013 podíamos encontrar un texto titulado:
‘Siria es nuestra guerra de España’. En él, el diario hacia una comparación de
la guerra siria con la guerra civil española. “Al igual que la Republica Española, Siria sufre activamente la co-beligerancia
de algunos, la complicidad pasiva de los demás y por último la intolerancia
partidista. Rusia e Irán también están involucrados en el asesinato en masa de
la dictadura como hicieron la Alemania nazi y la Italia fascista con Franco. La ‘no
intervención’ de las democracias occidentales en Siria es fatal para los demócratas
sirios como lo fue para los de España en 1936”.
El texto de Le Monde ataca en
esta ocasión directa y abiertamente a los países occidentales de su pasividad
ante lo que está ocurriendo en Siria. Defiende directamente su intervención a favor
del lado rebelde y ataca especialmente al gobierno de François Hollande de
jugar a un juego peligroso que podrían poner en peligro los intereses franceses
en la zona: “Hollande no es Blum. Blum
por lo menos nunca se comprometió a dotar de ayuda a la República española, no
tuvo que retratarse”.
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